Roadmap VS objetos brillantes
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Buenas!
En la newsletter de esta semana vas a encontrar:
Un artículo de Fer Guirao — uno de esos que deberíamos imprimir todos los que hacemos producto: Cómo no cambiar de planes cada mes.
El podcast de byhumans con Alex Carbajo — Saturación en Travel Tech: cómo competir cuando todos venden lo mismo.
Estoy buscando Product Owner — cierro la oferta mañana, así que si conoces a alguien o te interesa, te dejo el enlace.
Cómo evitar que los “objetos brillantes” hundan tu roadmap
Os presento a Fer Guirao
Más de 15 años haciendo producto en Europa y EEUU. Ha sido cofundador y CPO de Landbot, es VP of Product en Plytix, y además colabora habitualmente con diferentes escuelas de producto como The Hero Camp, donde comparte su experiencia con nuevas generaciones de product managers.
Fer ha dedicado la mayor parte de su carrera a construir algunos de los SaaS más populares en sus categorías (no-code, chatbot, e-commerce), con una trayectoria que combina visión estratégica y ejecución práctica; aquí cuenta parte de su historia, superrecomendable y honesta.
Por encima de todo Fer se interesa por el lado más humano de la tecnología y escribe sobre ello desde Cuaderno de notas de producto. Algún día, nos cuenta, se retirará para volver a escribir literatura.
Os dejo el articulo:
Cómo no cambiar de planes cada mes
Escribí la primera versión de este artículo en abril del 24. Cuesta creerlo, pero nadie había oído hablar aún ni de Lovable ni de vibe-coding, aunque los LLMs llevaban ya año y medio monopolizando conversaciones de café en las startups de medio mundo.
Klarna en aquella época reemplazó a su equipo de soporte por IA; pasaron los meses, admitieron el error y contrataron humanos de nuevo. Paul Graham escribió su polémico “Founder Mode” en defensa de las decisiones difíciles de los fundadores. Tremendamente relevante en los tiempos que corren. Tiempos de valoraciones bajas, canales de marketing saturados, productos antiguos compitiendo con nuevos productos que aceleran como nunca antes hemos visto.
Cientos de CEOs escribieron mails a sus empleados sobre el uso de la IA (yo también lo hice con mi equipo). Pero ese mismo “founder mode”, en esta extraña época de FOMO y cámaras de eco, está llevando a muchas empresas a caminar en círculos, persiguiendo oportunidades que no resuelven un problema real de sus clientes, sino –solo– de sus modelos de negocio.
Son tiempos extraños, sí (me siento un poco viejo hablando así), pero también fascinantes. Las posibilidades para los creadores casi infinitas, y precisamente por eso nos enfrentamos a una crisis de claridad sin precedentes. Pensar, leer, incluso escribir, son bienes escasos en este mundo frenético, el caldo de cultivo perfecto para el síndrome de los objetos brillantes.
Os hablaré de ese síndrome, cómo me ha afectado a mí, y cómo he intentado ponerle remedio estos años.
Objetos brillantes
El síndrome de los objetos brillantes es una combinación fatal de sesgos en la toma de decisiones. La persona que sufre el síndrome comienza a caminar en círculos de una oportunidad a otra sin ver resultados, y se consume en este camino que nunca parece acabar.
Pero por qué son tan seductores esos objetos brillantes. Tanto la biología como la tecnología como el propio mercado juegan en nuestra contra.
Nuestro cerebro paleolítico favorece la satisfacción inmediata a la recompensa a largo plazo. Consumimos menos energía tomando decisiones emocionales que puramente analíticas.
Las redes sociales, y sus “cámaras de eco” son el caldo de cultivo perfecto para el FOMO: sentimos que perdemos oportunidades de las que todos hablan.
La tensión política internacional, el riesgo de una burbuja y las nuevas dificultades para competir en tecnología activan en el cerebro de emprendedores y directores el “modo operativo de urgencia”, que tan propenso es a caer en las trampas de la impaciencia.
La combinación no es casual: la psicología conductual aplicada al diseño lleva décadas explotando ese bug en nuestro sistema humano.
Un problema de ejecución
El verdadero problema de los objetos brillantes es la falta de consistencia para ver resultados, saltando de una novedad a otra tan pronto como sentimos que el verdadero negocio podría estar en otro lado: criptos, IA, VR, real state, economía circular...
Mientras nosotros corremos detrás del nuevo objeto brillante, otros que ejecutan radicalmente planes con menos glamour acumulan más impacto.
No es que la estrategia no sea importante, pero un plan imperfecto con una ejecución consistente se perfeccionará a sí mismo a base de aprendizajes con el tiempo.
Cuando decidimos construir un chatbot builder en Landbot en 2016, no creas que teníamos mucha idea sobre el tema. Nuestro planteamiento tenía lagunas por todos lados, y es lógico. Pero persistimos, aprendimos, mejoramos. Un año después lanzamos nuestro chatbot builder en Product Hunt y conseguimos un éxito rotundo.
Y un problema de estrategia
Un plan perfecto es exactamente así: imperfecto. Si añades muchos detalles a tu estrategia, estás perdiendo el tiempo, porque la mayoría de ellos van a cambiar. O lo que es aún peor, puedes sentir que no debes desviarte un milímetro en los detalles.
La estrategia debe ayudarte a entender cómo llegar adonde quieres llegar, a grandes rasgos. En 300 (la película) hay un ejemplo maravilloso de estrategia.
¿Cuál es el objetivo de esos 300 espartanos? Vencer a los 20.000 soldados del ejército persa.
¿Cuál es el principal obstáculo? Piénsalo un segundo antes de seguir leyendo, y tendrás la clave de la estrategia.
Efectivamente, la superioridad numérica. La estrategia es un plan sencillo para superar ese obstáculo. Y en este caso Leónidas fue un estratega brillante al combatir en el estrecho de las Termópilas. Allí solo había espacio para unos pocos soldados, que lucharían en igualdad.
Diseñar un plan tiene varios beneficios paralelos:
Nos ayuda a activar el análisis racional y a separar las emociones de nuestras decisiones.
Nos da una referencia clara. Cuando actuamos sin tener claro el porqué, ¿cómo saber cuándo iterar, persistir o desistir? Este es el verdadero origen del síndrome de los objetos brillantes.
La mejor defensa
Ulises quería escuchar el canto de las sirenas, sin poner su vida en peligro. Así que le pidió a sus marineros que taparan sus oídos con cera, y que le ataran al mástil del barco. ≪Pase lo que pase≫, les dijo, ≪no os desviéis≫.
Con un rumbo claro los objetos brillantes no son peligrosos. Teresa Torres es la creadora de la herramienta más potente, útil y sencilla frente a los cantos de sirena, capaz de mantenerte metafóricamente atado al mástil de tu barco: los árboles de oportunidades y soluciones.
En resumen, los árboles son una visualización muy eficaz del camino desde un objetivo hasta la solución final. ¿Por qué?
Nos enfocan en el impacto que queremos crear (nuestro rumbo).
Describen problemas de nuestros clientes, alineados con nuestro rumbo.
Nos ayudan a pensar desde distintos ángulos: ¿de qué otras formas se puede resolver este problema?
Y finalmente abordamos directamente los riesgos de la solución.
Ese último beneficio es clave. Cuando diseñamos soluciones que nos enamoran, ¿quién no tiene la tentación de omitir ciertos riesgos? ≪Ya veremos más adelante≫, piensa nuestro cerebro paleolítico; ≪hagámoslo, hagámoslo, hagámoslo≫. Pero los árboles de oportunidades nos ayudan a salir de esa trampa y preguntarnos:
¿Es este el problema con más potencial? ¿Es esta la mejor solución?
¿Qué riesgos hay en cada paso? ¿Cómo podemos minimizarlos?
A menudo hay una manera de minimizar esos riesgos menos atractiva pero mucho más barata que construir la solución completa, a la que solemos llamar test mínimo viable. No se trata del producto completo, sino de un paso anterior.
Te pondré un ejemplo real.
En el equipo de automatización de Plytix identificamos una oportunidad. Si eres un e-commerce manager que traduce manualmente 5 millones de productos de tus tiendas, probablemente un poco de ayuda de IA pueda ser útil. Pero hay muchos riesgos aquí: ¿cuánto tarda la IA en generar 5 millones de atributos? ¿Qué coste tendrá en llamadas de API? ¿Serán fiables los resultados, o habrá que revisarlos uno a uno? Y sobre todo: ¿es mejor esa solución que a una integración con software existente de traducción para e-commerce?
Con Postman, la API de OpenAI y el catálogo de un solo usuario podemos diseñar un test en unas horas.
Mi propio objeto brillante
Quería acabar este artículo con ejemplos significativos de grandes empresas naufragando en busca de objetos brillantes. Google+ y Google Glasses, el teléfono de Facebook, o la máquina expendedora de gafas de Snapchat (sí, has leído bien).
Pero creo que es más honesto y útil si aparco mi ego y te cuento un caso que yo mismo propicié con todos los ingredientes del síndrome de los objetos brillantes.
Un día hace años el equipo de partnerships de una gran empresa llamó a mi puerta. Proponían una integración profunda con su plataforma. Que implicaba meses de trabajo. Que no estaríamos haciendo otras cosas. Otras cosas que aportarían valor tangible a nuestros usuarios.
Pero el objeto brillante fue cegador: este acuerdo abría la puerta a millones de nuevos usuarios e ingresos, aunque nos desviara de nuestra estrategia. Solo meses después fuimos conscientes de que perseguíamos una oportunidad vacía de valor real para el producto. Cancelamos el proyecto sin uno solo de esos nuevos clientes soñados.
¿Cómo podría haberlo evitado? Con un árbol de oportunidades (o un poco más de sentido común) habría comprendido antes la profunda desconexión entre el valor para mi usuario y el objetivo de negocio prometido. Fácil de decir, pero no tanto de hacer.
¿Es realmente un canto de sirena la inteligencia artificial?
Mi opinión: ni sí ni no; los cantos de sirena no están ahí fuera para tentarte, sino solo dentro de ti, dependen de tu manera de ver y hacer las cosas. Muchos productos de IA sin un camino claro desaparecerán en poco tiempo, pero Fin de Intercom, por ponerte un ejemplo, seguirá ahí porque tiene un propósito y persistencia.
Sea como sea lo que está ocurriendo en tecnología desde el 2023 es una disrupción inmensa. Por primera vez en la historia las máquinas parece que entienden tu intención, el contenido de tus palabras. Y son capaces de crear contenido espontáneo que reacciona en tiempo real al contexto, como en una conversación entre personas.
Son modelos estadísticos, no inteligencias reales, puedes decir. Y sí. Pero la diferencia entre ser y parecer es incluso para nuestro cerebro tan delgada que casi da lo mismo. Los casos de uso son tantos y tan variados como hacer que un libro hable, crear una película solo con soñarla, o programar aplicaciones complejas sin saber programar. Hay mucho camino todavía, pero es el principio de algo con potencial para transformar nuestra sociedad en muchos sentidos increíbles.
Es lógico que todos estemos un poco desubicados y sintamos que llegamos tarde, que debemos frenar en seco y perseguir oportunidades, estén donde estén. Pero si cuestionamos lo que hacemos, buscamos un sentido estratégico y minimizamos los riesgos, podemos navegar seguros sin naufragar. O eso …glup, glup… creo.
Aquí tienes otros artículos para reflexionar de Fer:
Sobrevivir al calendario del manager → enlace
Sobre el síndrome del impostor → enlace
El futuro del rol del Product Manager→ enlace
Si has llegado hasta aquí, quiero tu feedback :)
Un abrazo






